jueves, 10 de junio de 2010

Tragedia en tres actos

Primer Acto.

Erase una vez un país que vivía bajo la mano dura de un cacique. Había llegado el señor de ultramar, pensando en convertir todo a su imagen y semejanza. Hasta había soñado con instaurar una nueva dinastía de reyes. Sus sueños no tenían límite, al igual que su crueldad.
Para poder fundar su línea real, debía casarse con alguien de sangre real, pero como ya no estaba para bodas, puso todas sus esperanzas en su única hija. En el país no había reyes, ni personas que descendieran de ellos, así que tuvo que buscar su presa en los países vecinos. Encontró a una familia que, aunque vivía en ese momento de su rebaño, descendía (según les gustaba contar) de una familia real de vieja estirpe, tan antigua como el ser humano. El hijo pequeño de esa familia era un mozo listo, bien parecido y con ganas de triunfar, así que nuestro cacique, le convenció para que se casase con su hija y tomase posesión, llegado el momento, de su nuevo reino.
Unos años después, el cacique que gozaba de excelente salud, seguía elaborando su magnífico plan de futuro, imaginando cada noche antes de dormirse cómo vivirían sus descendientes y cómo sería su vejez, disfrutando de su línea real.
Hete aquí que nuestro joven aspirante a rey encontró otra joven que se amoldaba más a su personalidad y, saltándose a la torera el acuerdo que tenía con el cacique, se casó con ella.
Sin embargo, nuestro perseverante soñador más allá de entrar en cólera, admitió el desliz del joven, reconociendo que su hija era bastante mayor para el chico y entonces decidió que no se rendiría, todavía le quedaban los futuros nietos. El joven aspirante tendría descendientes y su hija también, así que no todo estaba perdido.
Continuará...

2 comentarios:

Pablo D. dijo...

Aquí tenemos los principios básicos de una dictadura en toda regla. Tomar el poder, reprimir ferozmente y buscar la legitimidad, bien inventándose un pasado que entronque con la realeza o buscando una familia con descendencia real, generalmente venida a menos, que acceda a las petensiones dictatoriales.

Una gran primera parte, Milagros. Espero impaciente las demás.

Un saludo!

Mila dijo...

Hola Pablo,
Acabo de publicar el segundo acto, a ver qué te parece. Gracias por tus ánimos.
Un saludo, Mila.